<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-357222342839945779</id><updated>2012-02-16T07:26:49.715-08:00</updated><title type='text'>TESTIMONIOS DE CONVERSION</title><subtitle type='html'>Tu TESTIMONIO, es muy importante, para otros hermnanos que buscan conocer y fortalecer fe, ven y comparte las maravillas que Dios ha hecho en ti.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://testimoniosdeconversion.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/357222342839945779/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://testimoniosdeconversion.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>MDF</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>2</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-357222342839945779.post-4319396973024528495</id><published>2009-08-16T21:07:00.000-07:00</published><updated>2009-08-16T21:35:32.897-07:00</updated><title type='text'>TESTIMONIO DE MARIA DE VALLEJO-NÁGERA</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Medjugorje - la gran maravilla Mariana de nuestros tiempos.&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;/p&gt; &lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_qzRNM_Tz5sE/SojYgcDYbPI/AAAAAAAAAls/w4lb94CtOhA/s1600-h/maria+vallejo.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_qzRNM_Tz5sE/SojYgcDYbPI/AAAAAAAAAls/w4lb94CtOhA/s400/maria+vallejo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5370780607437106418" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;María es una reconocida y prestigiosa escritora española que ha editado con gran éxito varios libros en Europa. En esta oportunidad ella nos brinda un testimonio de su experiencia personal en &lt;strong&gt;Medjugorje&lt;/strong&gt;, y el inicio de un camino de conversión que ello produjo en su vida.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;...Vivir en Londres suponía un gran alivio mientras la guerra devastaba a una pobre Bosnia herida de muerte. Recuerdo que me sentía muy segura y bendecida mientras miraba horrorizada los documentales y Noticieros en los que informaban sobre la magnitud de la violencia de esa humana carnicería. “Estamos tan lejos del peligro…”, pensaba con alivio mientras observaba mis dos pequeñas gemelas jugando en nuestro hogar londinense. Como española, había oído muchas veces en mi niñez relatar a mis padres los acontecimientos criminales que tuvieron lugar en mi país durante la guerra Civil. Ambos eran niños pequeños cuando el odio, la sangre y la ira arrasaron España, pero ajena en el tiempo, no me daba cuenta de la envergadura de sus escalofriantes relatos.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Mi padre solía repetir: “pasé hambre durante tantos meses… Por ello no soporto cuando tu, mi hija, dejas un solo pedacito de comida en el plato. ¡Si sólo supieras lo que es una guerra no lo harías! Si hubieses padecido  hambre de verdad, no rechazarías ni una migaja de pan.” Me quedó claro desde entonces que había sido realmente bendecida en mi vida por no haber tenido que padecer semejante infierno, y por ello, cuando me enteré de los brutales acontecimientos que se estaban produciendo en ex-Yugoslavia, sabía que nuevamente había sido protegida por el amor de Dios de un modo inconmensurable.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El mundo observaba vergonzosamente silencioso el conflicto, y por ello,  me quedé positivamente sorprendida cuando dos de mis mejores amigas me comunicaron que estaban planificando emprender un viaje a un pequeño y perdido pueblo llamado Medjugorje en las montañas de Bosnia-Herzegovina. “¿Estáis locas?”, les pregunté con cara de espanto mientras disfrutábamos un almuerzo en un restaurante de moda en Londres. “¡Ese país está en guerra!” , les amonesté. “Sí, lo se” contestó una de ellas. “Pero precisamente donde vamos no ha pasado realmente nada, de momento…” “¿Como es posible?” pregunté incrédula. “Todo ha sido arrasado a causa de los bombardeos en esa zona. Ayer los serbios explotaron el maravilloso puente de Mostar”.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Entonces ambas comenzaron a relatarme con gran entusiasmo todo lo que conocían sobre los acontecimientos de Medjugorje: lo que sabían sobre las supuestas apariciones que habían tenido lugar durante tanto tiempo; me hablaron hasta aburrirme sobre los jóvenes y testarudos videntes que insistían una y otra vez en que veían a Nuestra Señora; me describieron los milagros producidos en ese pequeño pueblito que la ciencia de los militares comunistas nunca pudieron explicar científicamente. Me hablaron del muy famoso padre Jozo, párroco del pueblo, que soportó estoicamente las torturas físicas y psíquicas a las que le sometió la milicia del régimen de Tito cuando comenzaron las supuestas apariciones… “Estamos decididas a ir allí”, me insistieron una y otra vez a pesar de mis peticiones a que recobraran el juicio extraviado. “¿Para que?” exclamé al fin muy turbada. “¿Es que os habéis convertido en dos ingenuas ridículas que juegan a ser heroínas en un infierno sin solución? ¡Os van a pegar un tiro por inconscientes! ¡Vais a cometer una terrible insensatez!”  “Pero sólo queremos rezar allí…”, contestaban tímidamente y con cierto sonrojo.  “ ¡Por favor:  podéis rezar aquí, en Londres, donde no hay guerras y donde podéis encontrar iglesias en todas partes!”&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tengo que admitir que entonces, aunque me hubiese considerado católica toda mi vida, mi fe era tibia. Se me podría haber definido como “católica social”, mostrando siempre hastío durante el santo oficio de la misa, no comprendiendo realmente muchas de sus partes y procurando asiduamente escaparme de la dominical visita a la Iglesia.  Mis padres me habían criado en un ambiente católico, los colegios a los que acudí eran católicos, pero no había una sensación real de la presencia de Dios en mi corazón. Había ausencia del amor hacia Cristo en mi vida. Dios Padre era un gran desconocido para mí, un amigo que sabía que existía pero a quien aún nadie me había presentado debidamente. Acudía a la misa dominical más por empuje social que por deseo. No quería romper la armonía dominical en el hogar paterno, así que me dejaba arrastrar por el sentimiento del deber de ir a misa el domingo, simplemente “por que sí”. La España de entonces era así. Si la familia, los amigos y los conocidos iban a misa, pues yo también iba y punto.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Al ser mi fe tan tibia e inconstante, no podía más que reprender a mis amigas en aquel almuerzo londinense en el año 1998. Les repetía una y otra vez que iban a experimentar una manera insensata y ridícula de acercarse a Dios. Nuestros esposos habían conseguido con mucho esfuerzo, trabajos bien remunerados con los que nos mantenían envueltas en mimos. Éramos madres jóvenes, esposas felices y la vida nos había dado unos hijos preciosos. En definitiva: teníamos la felicidad entre las manos. O por lo menos eso era lo que creíamos…  Mi enfado fue creciendo conforme este tipo de pensamientos me abordaban en aquel almuerzo. Era absurdo que dos amigas a las que consideraba inteligentes y buenas madres, dijeran semejantes estupideces.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;¿Acaso habían perdido la cordura? ¿Se habían dejado arrastrar por un grupo de fanáticos creyentes cuyas ideas podían dañarlas? Intenté de nuevo hacerlas entrar en razón utilizando todo tipo de argumentos lógicos. Sin duda, era un disparate emprender una extraña aventura espiritual recorriendo la desolada y peligrosa Bosnia del 98. Fui dura con ellas, honesta y sincera, y recibieron mi reprimenda con un corazón humilde y ojos avergonzados. Su sumisión ante mis quejas me enervó aún más. “¡Sois un par de románticas atolondradas!”, exclamé con exasperación. “¡Y para colmo de tanta locura, ni siquiera sois Católicas! No vais a entender nada de lo que os puedan explicar es ese recóndito lugar entre tanques. Me sorprende que os creáis las ridículas mentiras de 6 muchachos embusteros católicos de un pueblo perdido en medio de una guerra”.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Tras un tenso silencio, una de mis compañeras se atrevió por fin a preguntarme: “¿nos consideras unas locas sólo porque queremos rezar en un lugar santo? ¿Acaso es un disparate tener sed del amor de Dios? ¿Es una locura querer ayudar a los que más sufren, en un momento de gracia espiritual?” “Sois tontas por el hecho de creeros un montón de pamplinas… ¡Cómo podéis pensar que los hechos que os han relatado sobre MEdjugorje pueden ser verídicos! Por favor… “Vais a encontrar una muerte violenta en ese lugar”, contesté llena de desesperación. En ese preciso instante advertí que alguien estaba muy cerca de mí, casi tocando mi espalda, justo a la altura de mis hombros. Y ese ser, o esa presencia, me habló al corazón…&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“¿Porqué tienes tanto miedo de conocerme?, dijo en un tono suave y tierno. “No tengas miedo. Ven. Te espero en Medjugorje.” Me giré bruscamente llena de confusión, pero no vi a nadie tras de mí. “¿Quien me ha hablado? ¿Qué pasa?”, dije sin apenas darme cuenta. Mis dos amigas me miraron sorprendidas. “¿Quién me ha hablado en…en español?”, pregunté de nuevo colmada de estupor. Los clientes del restaurante, bulliciosos, parecían no prestarnos ninguna atención. “¿De que hablas? dijo una de mis dos amigas, “nadie te ha hablado en español. De hecho tu eres la única que nos estabas hablando, y  por cierto de una manera contundente…”  Empecé a temblar…Algo o “alguien” estaba allí, en ese restaurante, hablándome en español, pero no podía ver absolutamente a nadie.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La presencia estaba penetrando cada vez más profundamente en mi corazón y en mi intelecto, y su voz era tan clara como un cristal, suave y tierna. “Ven, no tengas miedo…”, me decía. Entonces, sin saber cómo ni por qué, pronuncié las palabras que cambiarían mi vida, mi familia y mi profesión para siempre. “Realmente no se porque estoy diciendo esto, pero creo que me voy a ir con vosotras a Bosnia…  Iré cuando termine la guerra.” Mis amigas se miraron la una a la otra sin decir una palabra, con los rostros encogidos por el asombro y el corazón lleno de incógnitas…&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Unos meses después embarqué hacia lo desconocido en un avión con destino a Split. Me acompañaban un pequeño grupo de amigos, un gran grupo de desconocidos peregrinos anglicanos, y un sacerdote algo entrado en años. Mi corazón temblaba como un hoja al viento. Seguía convencida de que toda la idea era un gran disparate, y Medjugorje y sus historias un puñado de mentiras. Pero aún con esos sentimientos colgando por el intelecto, me sentía impulsada a emprender aquella locura a raíz del recuerdo de aquella extraña experiencia vivida en un restaurante londinense.  Desde que me ocurriera, poco o nada había averiguado sobre Medjugorge y las supuestas apariciones marianas a aquellos seis jóvenes bosnios. Simplemente observaba la alegría de mis amigas cada vez que regresaban de aquel lugar.  Escondí en mi corazón mis temores y me dejé arrastrar por un aplastante deseo de seguirlas hacia aquellas áridas montañas que tan poco tiempo atrás habían sufrido el odio humano hasta límites hiperbólicos. Mi primer día en Medjugorje fue  decepcionante. El pequeño pueblo no era otra cosa más que un pequeño pueblo despeluchado.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Refunfuñé desde el primer momento en el que puse mi pie en sus entrañas e inmediatamente concluí que mi viaje sería el resultado de un estúpido arrebato de inmadurez.  Aún así, intenté ser amable y educada.  Tuve agradables conversaciones con mi nuevo grupo de aventureros, e intenté aprovechar la sabiduría de un encantador e inteligente, (además de santo), sacerdote irlandés, quien hizo de guía en nuestro grupo. Aquel buen hombre se mostró extraordinariamente amable conmigo, siendo infinitamente pacienciente a la hora de responder las mil preguntas con las que le mareaba sobre Medjugorje. Tuvo la delicadeza de presentarme a los maravillosos sacerdotes franciscanos del lugar. Aquel primer día hicimos lo que todo peregrino suele hacer allí: acudimos a misa en la mañana, (la del idioma inglés), en la parroquia de Santiago. Rezamos el rosario subiendo el monte Podrobo, (más conocido como “el monte de las apariciones”), y almorzamos en el restaurante Colombo, situado en el corazón del pueblo, justo junto a la iglesia.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde simplemente paseamos por las tiendas y nos unimos al enorme grupo de peregrinos para orar el Santo Rosario dentro de la Iglesia. Tengo que reconocer que hasta entonces nunca había rezado el Rosario; tampoco nadie me había enseñado a hacerlo.  Mi primer rezo del Rosario ese día me pareció largo y muy aburrido. De hecho, cuando lo hice, me sorprendió lo mucho que me aburría y lo complicado que se me hacía orar. Por ello, el día siguiente amanecí de malas pulgas, refunfuñona y con ganas de engrescarme con mi amiga, quien me avisó de que tendríamos que acudir de nuevo a misa.   “¿Pero otra vez tenemos que ir a misa? ¿Acaso no fuimos ayer?” , protesté de malas maneras. “Yo hoy ya no voy… Iré el domingo que viene; hoy es Lunes y no es obligatorio, así que dejadme en paz”.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo, y como en el fondo soy perro ladrador pero poco mordedor, fui de todos modos cuando el resto del grupo me rogó que les acompañara. Acudí y.., me aburrí durante toda la ceremonia, por lo que más que atender a los sacerdotes que concelebraban, me dediqué a pensar en mi cosas… Cuando al fin finalizó la misa, nos avisaron para que nos apresuráramos para acudir a una sala de conferencias situada justo detrás de la iglesia, pues el más joven de los 6 videntes, Jacov, daría  testimonio a los peregrinos interesados sobre sus extraordinarias experiencias con la Virgen. Aquello ya me pareció más atractivo, así que me dirigí con presteza junto a mis nuevos amigos hacia el lugar,  más movida más por la curiosidad que por la fe. Recuerdo nítidamente cómo nos encaminamos presurosos hacia el lugar de la conferencia, recorriendo la larga fila de confesionarios al aire libre, rozando con nuestras zancadas, las inmensas colas de peregrinos que deseaban confesarse aquella mañana limpia y soleada.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El día era claro y caluroso. De pronto, sin saber cómo ni porqué, sentí una intensa necesidad de dirigir mis ojos hacia ese luminoso cielo primaveral. No capté nada fuera de lo normal, o de carácter sobrenatural, como muchos peregrinos admiten haber visto en Medjugorje. Pero sí sentí una extraordinaria experiencia de amor. En mi corazón lo que me ocurrió duró 10 minutos, pero en la realidad, cuando comprobé el tiempo transcurrido real por mi reloj, sólo  3 segundos se habían sucedido. Créanme si les digo que esos tres segundos cambiaron mi vida para siempre…. En tan poco tiempo, me invadió todo el cuerpo y el alma un inmenso e indescriptible amor. Parecía a mis ojos como un rocío que se me posaba en el pelo, la cabeza, los brazos, en todo el cuerpo… Algo indescriptiblemente bello se  derramó sobre mí. No puedo describirlo, pues no se parece a nada de lo que conocemos a nivel material, o físico. No era agua, no era tierra… Era un rocío incoloro, fino como la brisa o como el suspiro de un niño.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El poder de ese rocío, o de esa sensación era extraordinariamente poderosa. Su carga era sólo amor, pero un amor en grado hiperbólico, infinito… Mis pasos se pararon en seco; quedé totalmente rígida y fijé la vista forzadamente sobre las nubes, el sol, el cielo... El tiempo parecía haberse detenido. Nada se movía a mi alrededor: la gente, los pájaros, los ruidos…todo quedó callado, quieto, expectante…. El amor que me rodeaba, que me cubría la piel, los ojos, la ropa, la cabeza, era tan poderoso que me di cuenta que quería seguirlo hasta el final. Me dominó un profundo entendimiento, una luz interior inconcebible , que me anunció sin lugar a dudas de que lo que se estaba derramando sobre mí, era el eterno y perfecto amor de Jesucristo. Entonces, una voz me habló al corazón. Era masculina, suave y a la vez regia y mandataria. No puedo describirla bien, pues no encuentro las palabras adecuadas para hacerlo correctamente… Esas palabras dijeron: “Hija mía, así es como te amo. Así es como amo a TODOS Y CADA UNO de vosotros”.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;De pronto algo explotó dentro de mi corazón. ¡Quería llorar, quería morirme! Cerré los ojos, y con el alma en vilo sé que contesté: “ mi Señor, mi pobre Dios. Si esa es la manera en que nos amas, qué injusto es el amor del hombre, porque humanamente es imposible corresponder a este amor tan perfecto, completo y eterno. No es justo para todo un Dios…” Entonces, aquel amor vivo me contestó: “No puedes, ni podrás entender jamás la magnitud del amor de tu Dios. Pero es un Amor Real, y lo doy a cada ser humano gratuita e individualmente.”  Antes de que pudiera reaccionar, todo volvió a la “realidad”. Esa sensación de estar impregnada de un amor infinito había desaparecido tan bruscamente como había llegado, y allí me encontré yo, completamente confundida, asustada, dudando de mi cordura y a la vez deseando contar al mundo lo increíblemente bello que acababa de experimentar. Sólo sabía que debía de contar al mundo, dando voces si era preciso, cuanto Dios nos ama. Sentí el impulso de salir corriendo, esconderme del gentío, de aquellas nuevas amistades, para que nadie descubriera la confusión en la que estaba sumida. Sentí una terrible vergüenza al comprender que Dios todo lo ve, todo lo observa y todo lo sabe de nosotros. Cuan ingrata había sido mi vida… Jamás le había agradecido nada, ni le había amado.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sentí un deseo irrefrenable de esconderme de los ojos de Dios. ¡Tantos pecados, tanto egoísmo hacia el prójimo, y tanto desprecio hacia la Iglesia y hacia el sacerdocio! Cuanto arrepentimiento… Quise gritar de dolor, pero gracias a Dios me aguanté las ganas… Tampoco revelé a nadie lo que me acababa de ocurrir. Deseaba ardientemente pensar, sopesar y analizar en mi interior lo vivido y dejar escapar ese dolor a través del amor que acababa de descubrir. A mi alrededor nadie se había percatado de mi experiencia, ya que, como decía, sólo habían transcurrido realmente 3 segundos. Recorrí el corto camino que me separaba del recinto de las conferencias cabizbaja y aturdida, con el corazón bulliendo entre sentimientos confusos, y con el alma cargada a la vez de miedo, vergüenza y felicidad. Por fin pude sentarme en las gradas a escuchar el precioso testimonio de un muchacho que juraba ver a la Santísima Vírgen. El testimonio de Jacov fue estremecedor por su belleza y espiritualidad. Fue entonces cuando permití que fluyeran por fin torrentes de lágrimas de mis ojos. Me percaté de que muchos de los peregrinos que me rodeaban, también lloraban con gran emoción.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Todos mis compañeros pensaron que las palabras de aquel joven vidente me calaban hasta lo más profundo del alma, y aunque así fue, mis lágrimas no se debieron a él. Tardé 6 meses en contar esta experiencia a mi querido sacerdote irlandés y a mi familia más cercana. Sé positivamente que mi conversión se produjo esa mañana de primavera, en el momento en el que el mismo Dios me reveló su amor infinito hacia los hombres, entrando así en mi vida como un huracán de emociones que no me ha abandonado hasta el momento presente. Sé que todo esto fue una realidad ocurrida en Medjugorje, mientras caminaba al lado de los confesionarios fuera de la iglesia. Sé que nunca seré la misma persona. Hay una mujer diferente en mí tras aquel golpe de ternura. Regresé a mi hogar londinense colmada de excitación, y de información sobre el Catolicismo. Desde ese extraordinario momento en mi vida, solo sentía una imperante necesidad de saber más sobre Dios; una insaciable e incomprensible sed de Dios me acompañaba en cada paso. Antes de que me pudiera percatar, una tierna influencia me enamoró de la misa. Y así, esta celebración se convirtió en el milagro más valioso e importante de mi vida.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Valiosa información sobre mi religión comenzó a entrar en mi vida con la fuerza de un huracán. Me esforcé en encontrar el sacerdote adecuado con quien confesarme cada mes, el sacerdote más sabio a quien hacer preguntas y el momento adecuado para rezar en casa con mi maravillosa familia. En casa, nuestro crecimiento en la fe no ha sido siempre un camino fácil. Han hecho falta 5 años y tres peregrinajes a Madjugorje, (uno de ellos fue un retiro con el Padre Jozo), para comprender claramente lo que me había pasado. Como consecuencia de mi conversión mis hijos rezan con nosotros desde el corazón. Ellos son creyentes y somos indudablemente muy felices como una pequeña familia católica unida.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La Virgen vive con nosotros, en nuestra casa. Es nuestra permanente y más regia invitada, y acude a nuestra llamada a través de las oraciones y los ayunos. En nuestro hogar se habla de Dios, y sí, a veces sufrimos por ello. Hoy puedo estar muy feliz, pues sé que el Señor ha borrado mis culpas del pasado a través de la confesión. Pero también sé que hasta el día en el que me vaya al cielo, debo reparar. Las humillaciones y burlas por seguir a Cristo comenzaron a llegar también a mi vida. Hay incluso personas que han dicho que he perdido la cordura. Cuando oigo semejantes críticas, no puedo dejar de sonreír y de pensar: “Si supieran lo que Dios les ama, también ellos perderían la cabeza por seguirle.” Nunca olvidaré el inmenso regalo de amor que recibí en Medjugorje. Solo le pido al Señor estar a la altura para ser un obrero para Él, con Él y en Él.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;br /&gt;Vea la biografia de la autora en: &lt;a href="http://www.mariavallejonagera.com/"&gt;&lt;br /&gt;http://www.mariavallejonagera.com/&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;br /&gt;Vea su Testimonio de la autora en: &lt;a href="http://www.mariavallejonagera.com/youtube.php"&gt;&lt;br /&gt;http://www.mariavallejonagera.com/youtube.php&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://www.mariavallejonagera.com/youtube.php&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/357222342839945779-4319396973024528495?l=testimoniosdeconversion.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://testimoniosdeconversion.blogspot.com/feeds/4319396973024528495/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://testimoniosdeconversion.blogspot.com/2009/08/testimonio-de-maria-de-vallejo-nagera.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/357222342839945779/posts/default/4319396973024528495'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/357222342839945779/posts/default/4319396973024528495'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://testimoniosdeconversion.blogspot.com/2009/08/testimonio-de-maria-de-vallejo-nagera.html' title='&lt;strong&gt;TESTIMONIO DE MARIA DE VALLEJO-NÁGERA&lt;/strong&gt;'/><author><name>MDF</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_qzRNM_Tz5sE/SojYgcDYbPI/AAAAAAAAAls/w4lb94CtOhA/s72-c/maria+vallejo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-357222342839945779.post-6847212126808200543</id><published>2009-08-13T08:40:00.000-07:00</published><updated>2009-08-13T09:10:56.350-07:00</updated><title type='text'>DENISE E.BOSSERT: Ex-evangelica.</title><content type='html'>&lt;strong&gt;TESTIMONIO, De como EWTN a travez de: Coming Home Network (Regreso a Casa) toco el corazon de Deniss E. Bossert.&lt;/strong&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_qzRNM_Tz5sE/SFVRba4PebI/AAAAAAAAAQw/WPi9dYYseuk/s1600-h/DENISE+E.+BOSSERT.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_qzRNM_Tz5sE/SFVRba4PebI/AAAAAAAAAQw/WPi9dYYseuk/s400/DENISE+E.+BOSSERT.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5212161675264752050" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fue durante la Cuaresma, hace ya algunos años que alguien hizo una campaña publicitaria en televisión alentando a los católicos alejados a “volver a casa”— en esos tiempos yo era aun una protestante evangélica de fuertes convicciones. Creo que es tiempo que que presentemos otra campaña... Esta vez, sin embargo, debemos arrojar la red un poquito más lejos de la barca.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;¿Qué tal si decidiéramos invitar a todos a volver a casa...? ¿Por qué no enviar la invitación a los protestantes bautistas o presbiterianos y a los luteranos y otros hermanos? Quizás podríamos ir mar adentro e invitar a gente de otras fes o aun a quienes no tienen fe alguna.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;He oído de muchos católicos que se quejan de las cantidades de jóvenes que abandonan el catolicismo para irse a otras iglesias. “¿Cómo hacemos para retener a la juventud católica?” Es posible que usted mismo se haya hecho esa pregunta.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aquí les presento esta idea. ¿Por qué no tratar de alcanzar con nuestra fe a esos protestantes profundamente enamorados de Jesús y animarlos a ellos a ser católicos? “¡Imposible!” me dice usted. Pero tengo una idea que creo que puede funcionar. Prepárese porque las clases de Catecismo para adultos en su parroquia pueden volverse tan grandes que las van a tener que hacer en el gimnasio o en el auditorio del pueblo. Es posible que haya un enorme éxodo protestante y todo lo que necesitamos es un solo Moisés o quizás unos 690, más o menos para que nos muestren el camino.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Según la organización Asociación Internacional Regreso a Casa (Coming Home Network International, en inglés) unos 690 clérigos protestantes se han convertido a la fe católica [1] Es hora de hacer correr la voz. Realizar una nueva campaña publicitaria es perfectamente posible. No creo que podamos detener el éxodo de jóvenes que dejan la Iglesia pero, definitivamente podemos ayudar a nuestros hermanos separados a volver... al hogar de la fe.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Imagínate:El rostro del Dr. Scott Hahn. Scott nos sonríe y dice “Hola: mi nombre es Scott Hahn. Yo era ministro presbiteriano.” Desde otro ángulo: “Soy Alex Jones”... “Y yo soy Robert Rice, nosotros éramos predicadores pentecostales.” “Soy Doug Gonzales, yo era predicador nazarenista.” “Somos David Twellman, Mike Franklin y Paul Thigpen, todos éramos ministros metodistas.” “Somos Peter Holmes y Noah Lett, ambos éramos ministros luteranos.” ...Luego el Padre John Neuhaus que dice; “¡Y yo también!” “Mi nombre es Al Kresta, yo era pastor no-denominacional.” “Mi nombre es Jeffrey Bail, yo era pastor bautista y también lo eran estos otros caballeros aquí.” y luego se muestra un grupo enorme encabezado por el Padre Gray Bean. Michael Cumbie, a la cabeza de otro numeroso grupo dice” “Y nosotros éramos pastores anglicanos.” Uno más: “Soy Larry Dimock, yo era pastor de la Iglesia Unida de Cristo.”&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todo el grupo que llena el estudio completamente... Un caballero está parado frente a todos ellos, sonriendo con un gesto amable, pastoral y gentil que nosotros los conversos hemos aprendido a reconocer y respetar profundamente. El nos dice “Yo soy Marcus Grodi, yo era un pastor presbiteriano.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todos aquí hoy tenemos algunas cosas en común. Primeramente, amamos a Jesucristo con todo nuestro ser y tenemos una relación personal, profunda y sincera con nuestro Señor Jesucristo. Y también somos...” Ahí la cámara enfoca a todo el grupo que exclama: “... ¡Católicos!”.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;“Sí. Todos somos católicos.” Agrega Marcus. “¿Ha considerado usted regresar a casa, a la Fe Católica? ¿Sabe usted lo que la Iglesia Católica realmente enseña y cree?”&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;Como ex-protestante, puedo decir honestamente que los televidentes se quedarán asombrados. Y muchos comenzarán su regreso a casa. Lo que es más, aquellos católicos nacidos en la Iglesia y emigrados a otras fes que hoy se sientan con ellos en las iglesias protestantes, notarán lo que pasa y sin perder el tiempo correrán a sumarse ala parroquia católica más cercana.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;NOTA DEL AUTOR:Quizás alguien se pregunte si estoy afiliada con el Coming Home Network. The EWTN TELEVISION(REGRESO A CASA) La respuesta es: NO. Sin embargo ellos jugaron un papel importante en mi conversión y por eso les voy a estar eternamente agradecidos. Estoy segura que ellos impulsarán a muchos a regresar por millares a la Madre Iglesia.&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;div align="justify"&gt;REFERENCIAS:&lt;br /&gt;[1] NOTA DEL TRADUCTOR: Al tiempo de traducir este artículo, en Marzo de 2007, la cifra ya sobrepasa los mil clérigos.&lt;br /&gt;Traducido por Carlos Caso-Rosendi&lt;/div&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/357222342839945779-6847212126808200543?l=testimoniosdeconversion.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://testimoniosdeconversion.blogspot.com/feeds/6847212126808200543/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://testimoniosdeconversion.blogspot.com/2009/08/por-denise-e.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/357222342839945779/posts/default/6847212126808200543'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/357222342839945779/posts/default/6847212126808200543'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://testimoniosdeconversion.blogspot.com/2009/08/por-denise-e.html' title='DENISE E.BOSSERT: Ex-evangelica.'/><author><name>MDF</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_qzRNM_Tz5sE/SFVRba4PebI/AAAAAAAAAQw/WPi9dYYseuk/s72-c/DENISE+E.+BOSSERT.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
